“Sur”
No hay pueblo que no cante tangos porque este género musical argentino con toda su carga emocional y cultural voló por los aires de Latinoamérica y el mundo para volverse universal, no solo como una expresión musical sino como constructor de una identidad nacional, popular y patrimonial.
Roberto Goyeneche y Aníbal Troilo
21 de marzo de 2026 Hora: 09:43
🔗 Comparte este artículo
Son muchos los personajes, los cantores, los compositores y los temas que hacen la historia del tango no solo en Argentina, que Uruguay tiene también recorrido propio.
Nos detenemos en uno de particular belleza en el que hay involucrados tres personajes, encarnando no solo a una pieza sino a toda una generación que revitalizó el tango sin traicionar ni sus orígenes ni sus valores culturales, tan propios de la zona del río de La Plata.
Aníbal Troilo, Homero Manzi y Roberto Goyeneche, en “Sur” encarnan una nostalgia plena de descripción, emoción y belleza.
Sur
Aníbal Troilo
Aníbal Carmelo Troilo nació el 11 de julio de 1914 en el barrio del Abasto de la ciudad de Buenos Aires y ya desde muy pequeño se quedó con el apelativo que lo identifica ante el mundo: Pichuco.
Así lo relató: «Mi padre tenía un amigo a quien llamaban Pichuco. Y con mis primeras lágrimas de niño, con su dulzura de hombre acaso feliz mi padre trataba de calmarme: ‘bueno, Pichuco… bueno’, y Pichuco me quedé para siempre».
Bueno es acotar que los padres de Aníbal eran inmigrantes italianos, modestos y que “Pichuco” en el napolitano paterno «picciuso» significa algo así como “llorón” lo cual explica el apelativo en el contexto del relato.
Cuando tenía 8 años de edad el Pichuco perdió a su padre. Siguió al lado de su madre y dos años más tarde le pidió que le comprara un bandoneón, y ella se lo compró pagando por cuotas. Ese bandoneón le acompañaría toda su vida. Al año de tener su instrumento, hizo una presentación lugareña y tres años después había formado un quinteto.

Ya con 23 años, en 1937 hizo su debut profesional en salones y luego pasó a la radio, muy importante entonces (y ahora) logrando estabilidad profesional y musical. Comenzó entonces Argentina a reconocer en él a un gran innovador y a alguien fuera de serie en el bandoneón a pesar de ser autodidacta.
Troilo pasó por muchas etapas en su trayectoria. Muchos cambios en los integrantes de su orquesta, en los arreglistas, en los autores de las letras, y en las voces. Lo que siempre se mantuvo intacto fue su delicada forma de componer y su asombrosa ejecución del bandoneón, inconfundible. Legó obras instrumentales y cantadas, como por ejemplo “Barrio de tango”, “Sur”, “La última curda”, “Garúa”, entre otras piezas que compuso junto a poetas como Homero Manzi, Cátulo Castillo, Enrique Cadícamo y José María Contursi.
En su orquesta estuvo Astor Piazzolla y generaron profundos lazos de fraternidad. Desde 1956 hizo amistad profunda con uno de sus mejores intérpretes: Roberto Goyeneche.
Horacio Romo, quien fue su bandoneón solista dijo: «El aporte de Troilo al tango fue fundamental porque marcó un estilo, una forma, desde el toque de su instrumento hasta el estilo de la orquesta, que se fue adaptando a las décadas y modernizando. Siempre fue una orquesta moderna, pero fue buscando el color adecuado a su inteligencia, a su capacidad musical. Cuando un músico le llevaba un arreglo, primero lo escuchaba tal cual era y luego lo borraba para que la orquesta sonara al estilo de Aníbal Troilo, al estilo que él quería para la época. Todos los bandoneonistas de mi generación, los más jóvenes y lo más grandes, que están y que no están, le debemos a Troilo gran parte de nuestro aprendizaje. ¿Quién no quisiera tocar como Troilo? Desde sus composiciones cada melodía de Troilo es magnífica. Todas tienen sentimientos, son ricas en sus armonías».
Aníbal «Pichuco» Troilo murió el 18 de mayo de 1975 en la misma ciudad que lo vio nacer. Para la posteridad dejó más de 450 registros discográficos que dan testimonio de su sensibilidad, su talento artístico, y ocupan un lugar destacado en el patrimonio cultural de los argentinos. Al momento de su fallecimiento en el Hospital Italiano de Buenos Aires, tenía apenas 60 años.
Homero Manzi
Homero Nicolás Manzione nació en Santiago del Estero el 1º de noviembre de 1907. Quienes se han dedicado a estudiar su vida y obra indican que fue poeta, político, guionista, periodista y director de cine clásico argentino, autor de varios tangos y milongas muy famosos, entre ellos “Barrio de tango”, “Malena” “Milonga sentimental” y “Sur”, este último con música de Aníbal Troilo.
Milonga sentimental: Sebastian Piana – Homero Manzi
Francisco Canaro y su orquesta típica
En su juventud vivió en el barrio de Pompeya, de la ciudad de Buenos Aires, que le sirvió de inspiración para muchos de sus tangos. Hoy una calle del barrio lleva su nombre y hay una imagen en la plaza principal que recuerda su figura. Fue dos veces presidente de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores. De su paso por Pompeya data su familiaridad con la cultura del arrabal porteño, siempre presente en su obra; sin embargo, Manzi destacó siempre su filiación con la provincia natal y su afinidad con la identidad santiagueña.

Estuvo inmerso políticamente en el radicalismo y ésto le llevó a la cárcel. Cuando salió de prisión se dedicó de lleno a la literatura y a la música, sobre todo al tango y la milonga.
Amigo de notables músicos, sufrió mucho cuando se le detectó el cáncer que le quitó la vida a los 43 años de edad el 3 de mayo de 1951.
Homero Manzi expresaba: “tengo dos caminos: ser hombre de letras o hacer letras para los hombres”. Optó por la segunda. Jamás publicó un libro. Cuando Manzi falleció, Anibal Troilo, su gran amigo, le dedicó su tango “Responso”.
Responso
Roberto Goyeneche
Siempre será una de las voces más carismáticas en la historia del tango. Como decía Astor Piazzolla “Goyeneche no canta el tango: lo cuenta”, y es cierto. Esa voz áspera y contundente, alejada de cualquier banalidad y cercana siempre a la nostalgia y hasta al dolor profundo tiene adeptos en todo el mundo, incluso en países de otros idiomas a los que ni importó no entender las letras sino escuchar la voz y apreciar la gestualidad dramática del nacido el 29 de enero de 1926 en el barrio de Saavedra. Su tío, al que no llegó a conocer pero del que heredó su nombre, era pianista y hasta tuvo su propia orquesta. El pasado mes de enero arribamos al centenario del natalicio de El Polaco para gloria de la música y del tango.
“Esto es una señal, un mensaje: pocos críos llegan al mundo así, y cuando sucede, le juro, señora, son gente privilegiada” La partera daba así rienda suelta a una de las más añosas creencias populares. María Elena, atemorizada volvió la mirada hacia su costado pero solo vio una pequeña figura envuelta en un manto de grasa muy blanca. Sobre la mesa, arriba de una sábana su bebé lloraba y se movía como tratando de arrancar esa delicada capa que lo rodeaba.
“Es un niño y está bien. Es enorme. ¿Cómo le van a poner” preguntó la partera.
“Roberto Goyeneche”, contestó María Elena, y antes de desvanecerse completó: “En homenaje a su tío”.
(Extracto del libro “El polaco” de Matias Longoni y Daniel Vechiarelli)

Si bien nunca estudió música, supo integrarse a las orquestas con una picardía y sensibilidad innatas que le permitieron interpretar de manera memorable tangos como “Balada para un loco”, “Como dos extraños”, “Sur”, “Los mareados”, “Naranjo en flor”, y “Garúa”, entre otros.
De origen vasco, fue el tango quien le dio el apodo con el que pasaría a la historia por aquello del cabello rubio: «el polaco».
Conviene saber que por la década de los cuarenta (guerra mundial) hubo una importante migración de polacos a Argentina. Eran delgados y rubios y él, Goyeneche, era de esa apariencia. Sería para siempre el polaco.
De niño tocaba la armónica y podía descifrar acordes con la guitarra. Sin alcanzar la mayoría de edad se presentó en un certamen de voces en el Club Federal Argentino y ganó.
Su biografía cuenta que se hizo chofer de colectivos, (autobuses) y en uno de sus recorridos nocturnos se subió el representante del pianista y director vanguardista Horacio Salgán, quien lo escuchó cantar mientras el polaco manejaba. Lo invitó a la orquesta y desde ese momento Goyeneche no se bajó de los escenarios con ese áspero sonido que marcó su estilo inconfundible.
En 1956 conoció a Aníbal Troilo, quien lo invitó para cantar en su orquesta. Así nació una gran amistad que los llevó a grabar más de 50 canciones juntos.
Sur
Hay un tema económico y social en la trayectoria de Goyeneche. Solía presentarse con grandes orquestas, pero cuando la economía de su país apretó se redujo el formato y así comenzó a cantar con tríos y cuartetos, y como él mismo señaló, descubrió que tenía más libertad interpretativa.
Compartió con Aníbal Troilo siete años. Hacia comienzos de los 60, el Polaco comenzó su carrera solista junto a La Orquesta Típica Porteña con la que grabó sesenta tangos.
Su estilo siempre fue mutando y, en 1979, una operación de garganta le cambió para siempre la manera de cantar y su fraseo típico comenzó a acentuarse, ya que no llegaba a algunas notas.
El Polaco llegó a grabar cerca de cien discos y fue acompañado por las más prestigiosas orquestas, como la de Pontier, Baffa-Berlingieri, Pugliese, Piazzolla y la Filarmónica del Teatro Colón.
Ya consagrado, hacia mediados de la década de los ochenta tuvo sus apariciones en la televisión y en el cine: grabó con Jorge Porcel y actuó en la película “Sur”, de Fernando “Pino” Solanas.
Goyeneche interpretó versiones clásicas de Piazzolla y Gardel, como “Naranjo en flor”, “Balada para un loco” y “Volvió una noche”, entre otras. Destacaron sus versiones de “Malena”, “Afiches”, “La última curda”, “Cafetín de Buenos Aires”, “Che bandoneón” y “El último café”.
Roberto Goyeneche dejó el alma en los escenarios. «Me duele hasta el traje», solía bromear durante los años 90, mientras compartía sus últimas presentaciones. Murió el 27 de agosto de 1994. Sus dos últimas grabaciones fueron un dúo con Mercedes Sosa, en el tango Los Mareados; y otra con el violinista Antonio Agri y el guitarrista Esteban Morgado, en el tango Viejo ciego.
en Japón, en vivo

Sur (Aníbal Troilo-Homero Manzi)
San Juan y Boedo antigua, y todo el cielo, Pompeya y más allá la inundación. Tu melena de novia en el recuerdo Y tu nombre flotando en el adiós. La esquina del herrero, barro y pampa, tu casa, tu vereda y el zanjón, Y un perfume de yuyos y de alfalfa Que me llena de nuevo el corazón.
Sur, Paredón y después… Sur, Una luz de almacén… Ya nunca me verás como me vieras, Recostado en la vidriera esperándote. Ya nunca alumbraré con las estrellas nuestra marcha sin querellas Por las noches de Pompeya… Las calles y las lunas suburbanas, Y mi amor y tu ventana Todo ha muerto, ya lo sé.
San Juan y Boedo antiguo, cielo perdido, Pompeya y al llegar al terraplén, Tus veinte años temblando de cariño bajo el beso que entonces te robé. Nostalgias de las cosas que han pasado, arena que la vida se llevó. Pesadumbre del barrio que ha cambiado Y amargura del sueño que murió. Sur, Paredón y después… Sur, Una luz de almacén… Ya nunca me verás como me vieras, Recostado en la vidriera esperándote. Ya nunca alumbraré con las estrellas nuestra marcha sin querellas Por las noches de Pompeya… Las calles y las lunas suburbanas, Y mi amor y tu ventana Todo ha muerto, ya lo sé…
(Dedicado con afecto a Roberto Malaver)
Autor: Lil Rodriguez
Fuente: teleSUR




